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¿QUÉ ES EL

TAI CHI CHUAN?

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Taichi significa el punto más alto, la cúspide de lo que podemos alcanzar. Y Chuan significa boxeo. El Taichi Chuan es un arte marcial que hace el mejor uso posible de la energía. 

La riqueza de esta disciplina deriva de su base triple: medicina tradicional china, ciencia marcial, filosofía taoísta. 

 

Tong Ren enseña el Tai Chi Chuan con todas sus dimensiones

El arte marcial: La ciencia del movimiento

Propone una gran variedad de prácticas:

  • Individuales: Las “formas”

Son secuencias de movimientos armoniosos y fluidos, aparentemente suaves pero que encierran una eficacia marcial sorprendente. Por eso se le llama “acero envuelto en algodón”.
La forma es una preparación para el combate; el encuentro con un adversario imaginario. Las diversas formas transmitidas por nuestra escuela difieren en duración e intensidad, y se ejecutan o bien con la “mano desnuda”, o con diversas armas (palo largo, palo del látigo, abanico, espada, sable, lanza).

  • En pareja:

La dimensión marcial del Taichi permite comprobar la corrección de la postura y los movimientos; ¡si no son eficaces en el combate, su ejecución es imperfecta! La aplicación marcial es el tutor que guía nuestro progreso.

Desde el punto de vista energético, la práctica del Taichi sigue los mismos principios básicos que el Chikung. Absorbemos el chi del cielo, del entorno, y sobre todo de la tierra, y, confiando en las partes más potentes de nuestro cuerpo – las piernas, verdaderas columnas diseñadas para sostener el edificio de nuestro cuerpo; la musculatura profunda del abdomen, que constituye nuestro centro de gravedad, el eje espinal perfectamente alineado- lo distribuimos por todo el cuerpo, hasta los brazos y las manos, los puños que, relajados y sueltos, lo transmitirán con la máxima eficacia y el menor esfuerzo
en pareja
La clave de esta dinámica reside en la precisión y la solidez de la postura, que hace posible esa circulación energética, cuya presión y potencia aumenta con la práctica.

La fuerza de gravedad es central en el Taichi. La primera fase de cada movimiento consiste en relajar (es decir, suprimir todo esfuerzo innecesario) descargando nuestra tensión a la tierra, actúa como un muelle, y devuelve ese impulso en forma de “rebote”, o fuerza de levedad que asciende en movimientos espirales, desde los pies hasta nuestro centro energético, generando una presión creciente que distribuiremos desde ese punto hacia todo el cuerpo, desplegando una potencia que se multiplica con la fuerza centrífuga del movimiento espiral (enlace a: el trabajo interno). La potencia aplicada en un punto puede llegar a 16 veces el peso corporal del practicante, como comprobó en 2007 una investigación de la Universidad de Stanford  sobre la práctica del Maestro Chen Xiang de quien nuestra escuela recibe la transmisión directa.

 

El cuidado del cuerpo: un conocimiento milenario

El movimiento se realiza a partir de los tendones, cuya elasticidad, resistencia y potencia aumentan con el entrenamiento. Esa ganancia perdura toda la vida, a diferencia de los efectos del trabajo muscular, que desaparecen a los tres meses de dejar de entrenar.

El impulso se transmite de articulación en articulación en un movimiento espiral que las nutre y fortalece sin forzarlas ni sobrecargarlas.
La atención que debemos prestar a la postura y a la transmisión del movimiento nos ayuda a tomar conciencia de nuestro cuerpo. Esa comprensión desde dentro nos lleva a cuidarlo y respetarlo. A medida que avanzamos en la práctica, nos vamos familiarizando con los principios de la medicina tradicional china, las leyes de la circulación de la energía

<Cada potencia desarrollada en el Taichi nutre una fase del ciclo energético, y por tanto alimenta y cuida prioritariamente un órgano, una entraña determinada. La práctica regular y concienzuda del Taichi nos ayuda a cuidar nuestra salud desde un enfoque preventivo.

 

La sabiduría taoísta: la eficacia del círculo

En lugar de oponernos frontalmente a una fuerza contraria –lo cual nos ocasionaría un choque doloroso- respondemos a ella de forma inteligente: nos fundimos con ella, y la acompañamos y reconducimos en un movimiento circular. El círculo genera trayectorias espirales que transmiten eficazmente la fuerza y rechazan los ataques con “efecto” - desvían el impacto impidiendo que choque frontalmente con nosotros y conmocione nuestra estructura.

El patrón circular del movimiento evita las tensiones extremas, amplía el espectro de la atención, permite percibir el gesto desde dentro y desde fuera a un tiempo, englobando tanto la propia posición como la del adversario. Con ello ampliamos nuestra perspectiva. Al ver más allá de nosotros mismos, cultivamos un desapego que nos permite actuar más creativamente.
En la práctica con compañero aguzamos la atención y desarrollamos la sensibilidad. Estamos pendientes del movimiento del adversario pero también de nuestra estructura y de la precisión de nuestro movimiento. De ese modo mejoramos la propiocepción –es decir que aprendemos a “sentir”desde dentro nuestro cuerpo, que se convierte en nuestro mejor maestro.

Con la práctica, esta atención panorámica se extiende más allá de nuestro cuerpo, abarcando progresivamente nuevas esferas de la vida, ampliando nuestra visión y nuestra capacidad de pensamiento circular.

Nos acostumbramos a reconsiderar las primeras impresiones, a abordar los hechos y situaciones desde todos los ángulos posibles. Esa perspectiva ampliada nos saca de nuestra zona de confort, nos invita a abandonar los automatismos, las reacciones irreflexivas. Empezamos a desarrollar inteligencia práctica para evitar choques, conflictos, sufrimientos innecesarios. Descubrimos los beneficios de la contención; ideamos estrategias lúcidas que evitan las confrontaciones, y sacamos el máximo partido de condiciones aparentemente adversas.

 

Se debe hacer el esfuerzo justo – ni más, ni menos – para conseguir el resultado deseado, y esto tiene mucho que ver con un estado mental relajado que permite planificar los movimientos y controlarlos y no cansarse sobremanera. Si tengo miedo, la posibilidad de cometer errores es mayor, y tenderé a hacer un esfuerzo desmesurado, o incluso llegara tener reacciones de pánico. Y para superar el miedo, tengo que formarme y prepararme de tal manera que pueda confiar en mí misma.