La alquimia interior

Trabajo interno

La expresión “arte marcial interno” o “trabajo interno” (Neikung) significa que la porción esencial del movimiento se desarrolla internamente, invisible desde fuera. Las disciplinas del Neikung ponen en práctica el axioma taoísta (y cuántico…) según el cual el exterior es reflejo del interior y viceversa. Lejos de ser una teoría, esta comprensión es el fundamento de una forma de moverse que parte de la musculatura profunda y del juego de tendones y articulaciones, para proyectar el movimiento hacia afuera, multiplicando su potencia con el mínimo esfuerzo, gracias, entre otras cosas, a la leyes universales de la fuerza centrífuga y centrípeta y de la acumulación de la energía cinética. 

El resultado de este enfoque es una máxima eficacia del movimiento y una protección inteligente frente a las lesiones, pues nunca llevamos los huesos, articulaciones, músculos y tendones al límite de su capacidad para ampliar la potencia del movimiento. Antes al contrario, nuestra eficiencia energética es proporcional a nuestro estado de centramiento y relajación – entendida esta como la ausencia de todo esfuerzo innecesario que interfiera en el libre flujo del chi.

ai

Pero el trabajo interno va mucho más allá de estos criterios biomecánicos, y se ancla en el aspecto energético. Se trata de la llamada “alquimia interna”, cuyo fundamento consiste en bajar la energía ascendente del fuego, que reside en el caldero superior (la mente), y elevar la energía descendente del agua, que reside en el caldero inferior (el bajo vientre). Al colocar el fuego bajo el agua, esta se calienta y se sublima convirtiéndose en vapor, energía pura.

alquimiaGracias a la alquimia interna, estas dos energías opuestas (yang-yin) se complementan; evitan la disociación entre lo sutil y lo denso – lo psíquico y lo material; se funden y transmutan generando un estado de equilibrio que se estabiliza y se eleva a medida que perseveramos en la práctica. 

Esta técnica practicada con asiduidad nos permite refinar progresivamente las distintas energías de nuestro sistema. Si perseveramos, estas empiezan a transformarse, y con el tiempo llegan a modificar el emplazamiento de los centros energéticos (también conocidos como “chakras”). La evolución de estos últimos puede potenciar nuestras capacidades sensoriales, emocionales y psíquicas.