TAICHI, TU MEJOR EQUIPAJE

Alumnas de Tong Ren practicando en el Atlas

 

No ocupa espacio en la maleta; lo puedes llevar contigo a cualquier lugar.  En realidad, en cuanto aprendes los rudimentos va contigo a todas partes, añade otra dimensión a tu vida estés donde estés.

Al aprender Taichi, reaprendes a relajar la mente y el cuerpo, a sintonizar con el entorno, a disfrutar simplemente con estar, con respirar, con moverte.

No necesitas gran cosa. Ropa y calzado cómodos ya van en la mochila, solo te queda poner la voluntad de disfrutar de lo que sabes hacer. Cualquier espacio despejado sirve; si te mueve esa intención, en tus viajes siempre aparece un rincón adecuado para la práctica.

Al aire libre, el gozo es aún mayor. En un entorno limpio, en el campo, en la montaña, es tan sencillo fundirte con la vida que te envuelve, fluir con las fuerzas que la sostienen.

Cuando has practicado Taichi o Chikung en lugares así, estos te acompañan siempre. La vista, los sonidos, los olores, la textura y el sabor del aire se quedan grabados en ti, de modo que puedes volver a acceder a ese punto del espacio/tiempo y reactivar la energía del instante con solo quererlo, sin fotos, sin grabaciones. Cierras los ojos y ya está… la armonía y el júbilo laten dentro de ti.

Y como tú, por tu parte, también dejarás tu impronta en la energía de lugar, quieres viajar con la mente limpia y el corazón abierto. De ese modo, tu viaje se convierte en una aventura intensa que te conduce mucho más allá de lo que aparece en los mapas.

Y si tienes la suerte de poder compartirla, la experiencia será más vibrante aún…